
Martirio del P. Marcos Criado.
SANTO MARCOS CRIADO, MARTIRIZADO POR LOS PROTERVOS MORISCOS
Iniciábamos ayer, con una somera introducción -pasaje textual de un contemporáneo de aquellos sucesos- un repaso a través de la revuelta morisca. Sirva este repaso como unos ejercicios de anamnesis histórica que valgan para poner en su justo término la “teoría de las Tres Culturas” que, como demostraremos en próximas entradas, no es sino un funesto y torpe mito, fundado en la mentira interesada. De esta forma, el victimismo morisco podrá dejar paso a la realidad histórica, mostrándonos una vez más que la expulsión de este colectivo alógeno fue una dichosa decisión política, y no -como la "leyenda negra" se encarga de propalar- un episodio más de la intolerancia hispánica.
Y quiso la bondad de Dios que hoy -24 de septiembre, un día después de que nosotros comenzáramos este repaso- la Iglesia celebre la memoria del mártir trinitario Marcos Criado, beatificado por León XIII en 1899.
Nació Marcos Criado en Andújar, en 1522 y, desde pequeño, tuvo una grande devoción a la Morenita de Sierra Morena. Huérfano de madre muy niño, pero se consagró a la Santísima Virgen María en su advocación de Virgen de la Cabeza. Profesó como trinitario y estudió hasta su ordenación sacerdotal. Destacó pronto como gran predicador, encendiendo la fe de los pueblos de Andújar, Ronda, Jaén y Úbeda. Los Obispos de Guadix y Almería pidieron a los trinitarios tres o cuatro misioneros para convertir a los moriscos de las Alpujarras. En Úbeda, los Padres Marcos Criado y Pedro de San Martín se presentaron voluntarios para evangelizar a los moriscos. Se trataba de una misión arriesgada, pues era de sobras conocida la animadversión de los moriscos que muy pronto se levantarían en armas, como ayer nos narraba Juan de Arquellada.
Marcos Criado y Pedro de San Martín partieron de la ciudad de Úbeda. Pedro iría a Almería y Marcos a Guadix. El P. Pedro murió repentinamente poco después de empezar su misión. El P. Marcos queda solo. Después de presidir el funeral de su hermano Pedro, parte a la parroquia de la Peza, en Granada.
Desde la parroquia de la Peza, el P. Marcos comienza la empresa apostólica que se le había encomendado, visitando pueblos cercanos: catequizando a los niños, visitando a los enfermos, predicando y confesando. En la parroquia de la Peza le dan una soberana paliza, para que desista de su empeño. En la Sierra de Filabres es nuevamente apaleado, dándole por muerto los moriscos lo abandonan; pero se recobra. Empiezan los primeros conatos de la revuelta morisca: pueblos cristianos de la Alpujarra son arrasados, los templos profanados, las mujeres violadas y los cristianos asesinados despiadadamente.
El P. Marcos decide hablar con Aben Cotha, un cabecilla de moriscos. Cuando se realiza la entrevista, el P. Marcos le pide a Aben Cotha que respete a los cristianos. El cabecilla levantisco manda que lo amarren a un caballo y lo arrastren. Después de arrastrarlo y, dándolo por muerto, abandonan al trinitario en un camino.
Después de los martirios de los sacerdotes de Vera, el P. Marcos Criado tiene que huir de Cadiar para evitar la muerte, volviendo a la Peza. Aben Humeya, por otro nombre Fernando de Valor, se levanta en la Navidad de 1568.
El 22 de septiembre de 1569, el P. Marcos, tras celebrar Misa manifestó a toda su feligresía que quería dar la vida por Cristo. Un grupo de moriscos irrumpe en el templo. El P. Marcos Criado les habla. Los energúmenos lo sacan a golpes y lo llevan a las afueras del pueblo donde había muchos más. Lo torturan buscando que reniegue de Cristo, el P. Marcos sólo les respondió una cosa, en medio de aquellos tormentos: “¿Renegar de Cristo? ¡Jamás!”.
Sin dejar de golpearlo e insultarlo, lo amarran a una encina con los pies al aire. Durante los días 22, 23, 24 y 25 de septiembre permaneció allí colgado, mientras sus verdugos se mofaban de él y esperaban verlo morir.
El día 23, el Padre Marcos comenzó a cantar salmos y fue apedreado hasta que creyeron que había muerto. Pero el 24, cuando volvieron a descolgarlo, vieron que todavía vivía tratando de articular alguna palabra en su agonía. Subió el día 25 a la gloria de Dios, después de que un morisco le abriera el pecho y le extrajera el corazón.
Pero la prodigiosa resistencia a la muerte que había mostrado a lo largo de su misión y las palizas que le habían dado, fue mucho más impresionante al ofrendar su vida a Cristo, pues una vez sacado el corazón de su pecho generoso, de aquella víscera sanguinolenta irradiaba un resplandor, y sobre la carne se podía leer el anagrama de Jesús -J.H.S.-. Sus verdugos moriscos retrocedieron, asustados. Algunos cayeron en tierra y muchos se convirtieron ante el prodigio. La comunidad cristiana recogió los sagrados despojos del mártir de Cristo y su corazón. Y muy pronto en aquellos pueblos empezaron a llamarlo Santo Marcos.
Corría el año 1569. El P. Marcos tenía 47 años de eda
d cuando subió al cielo con la palma del martirio. Llevaba 33 años profesando como trinitario. Durante siglos se le veneró en aquel pueblo alpujarreño y, ya en 1899, Su Santidad León XIII lo elevó a los altares como beato y mártir.
Publicado por Maestro Gelimer en:
LIBRO DE HORAS Y HORA DE LIBROS